¿Y cuántos crecimos y creímos este refrán? Así fuimos creciendo, postergando sueños, teniendo miedo de aspirar a algo mejor porque mal que bien, algo nos ofrecía la actual circunstancia o momento de vida. Y así fuimos aprendiendo a conformarnos con poco, o incluso creer que no merecíamos más.

Y, ¿cómo se nota ese tipo de autosabotaje? Aquí te dejo algunas:

  1. Cuando alguien vive por debajo de sus posibilidades de despliegue.
  2. Cuando empieza algo que es valioso para sí y no lo concluye.
  3. Cuando tiene algo bueno en su vida y actúa de tal forma que lo destruye o lo echa a perder.
  4. Se queja de las circunstancias y responsabiliza a otros sin antes revisar qué elecciones ha hecho en su vida.

Los entornos (familia, cultura, sociedad) donde nos desenvolvemos influyen en nosotros y nuestra forma de actuar; en palabras de Alejandro Jodorowski, “nos ponen en un molde” o en lo llamado por Carl Jung, Inconsciente Colectivo, entendiéndose como todo lo que flota en la cultura donde crecemos, las costumbres, lo que se dice y se hace.

De ahí que vamos apropiando como nuestras, de manera casi automática, dichas costumbres o manera de ver y actuar ante la vida para encajar en la sociedad. Cediendo casi sin darnos cuenta a las solicitudes que se nos hacen, porque en ocasiones, el cómo actuamos responde a lo que se espera de nosotros y solo hasta que rompemos ese “molde” es que podemos hablar de una transformación interna que nos lleve a actuar distinto.

Y así vamos configurando nuestra existencia, definiendo patrones de conducta, hábitos que en ocasiones son limitantes:

  • Iniciar un proyecto y en el camino decirse: “pero es que no soy lo suficientemente bueno”
  • No cultivar el vínculo que se tiene con la persona amada y dañar la relación
  • Abandonar proyectos de vida por miedo de fracasar

Todos tenemos una parte saboteadora que intenta mantener seguro el mundo que conoce. Por eso nos aseguramos y actuamos como quien al lanzarse al vacío en una montaña, si siente amenazas, va agarrándose de las ramas para suavizar la caída o evitar caer. Terminando en un no arriesgar, no tenerse confianza, no hacer propia su existencia. Y con esto no digo que el cuidarse está mal, pero a veces es necesario cambiar la forma de cuidarse a una que haga menos daño.

En otras palabras, saboreamos en nuestra mente una vida distinta pero al momento de llevarlo a cabo, nuestra realidad se ve más intimidante y preferimos postergar. Recordemos que los humanos somos seres de decisión y hasta lo que no elegimos también es una decisión.

Pero, ¿cómo puedo identificar cuando me estoy saboteando?

Lo primero por hacer es observarse, buscando ayuda si hace falta, para lograr ver qué partes de ti están saboteando y comprender su orígen entre los cuales podrían estar:

  1. Deberse a que esa parte de tí que sabotea tiene miedo de ser lastimado, posiblemente por heridas del pasado sin resolver.
  2. Por la transmisión de generación en generación de determinados comportamientos inconscientes que impiden al sujeto autorrealizarse. Conocido en el campo de la psicología como psicogenealogía.

Entonces, cuando una parte de ti te impida lograr tus sueños, lo que puedes hacer es conversar con ella, sin hostilidad, preguntando qué le genera miedo o qué comportamiento aprendido estoy siguiendo.

Otra cosa que puedes hacer es ir tomando pequeños riesgos, como por ejemplo: aprender más allá de donde aprendieron los padres o abuelos; si buscas constante aprobación, empezar a tomar decisiones sin preguntar a otros, dejar de intentar agradar a todos, etc. Y cuando aparezca el miedo, decirle tranquilamente, sé que me estás cuidando y te lo agradezco, pero vamos a ir despacio hacia eso que estás temiendo, cuando creas que debes advertirme de una amenaza voy a escucharte, pero es posible que en ocasiones te diga: no hace falta.

También, de ser necesario, reconcíliate con tu pasado. Es posible que haya una parte dentro de tí que esté molesto contigo y por eso te impide ser feliz, manteniendo un diálogo interno de “No te mereces descansar”, “No mereces viajar”, “No mereces esa buena relación de pareja”, etc. Perdonar, perdonarse y empezar a hablarse distinto; todos son buenos para detener el autosabotaje.

Llevarlo a la práctica puede llegar a ser intimidante, porque implica traer al frente aquellos rasgos de nuestra personalidad que hemos mantenido ocultos al ser lo opuesto a lo que mostramos a los demás. En otras palabras, es transformar el YO que conocemos hasta ahora; sin embargo, recordemos que cuando el YO se destroza hay pánico, pero luego se puede rehacer más fuerte.

Si quieres recibir más información sobre este tema o te gustaría recibir acompañamiento para trabajarlo en tu vida no olvides dejarme un comentario.

Evelyn Ramírez David
Coach Existencial, Logoterapeuta
IG: @vidaconsentido.co

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Categorías: Artículos

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